"¡Menos mal que el comercio de semen se ha globalizado!"

Elizabeth Marquardt, que aboga por desvelar la identidad de los donantes de semen.

Tengo 39 años. Me hice científica social porque era hija de divorciados y quería estudiar muchos casos como el mío. Casada, dos hijos... Es imposible que mi propio estatus no afecte a mi trabajo. Un hijo de donación de esperma también tiene derecho a saber quién es su padre
He realizado una investigación de las relaciones padre-hijo en hijos convencionales, adoptados y en otros nacidos de una donación de semen u óvulos. En total, he estudiado 1.845 casos.

¿Qué ha aprendido?

Lo más urgente es hacer un llamamiento internacional para que se obligue - también en España-a desvelar la identidad de los donantes de semen a sus hijos biológicos.

¿Tantos son?

Centenares de miles en todo el mundo. Y esos hijos de donaciones - que empiezan a organizarse-tienen poderosas razones: la primera es que muchas enfermedades tienen un componente genético hereditario cuya detección es imprescindible para su tratamiento y prevención.

Un argumento sólido.

Tras hablar con todos esos hijos de donantes, yo creo que también lo es el derecho a la propia identidad: saber quién eres y de dónde vienes. Cuesta creer que puedes negarle a un hijo el derecho a saber de dónde vienen sus genes, pero eso está sucediendo ahora mismo en muchos países.

¿Otros motivos contra el anonimato?

Otro fundamental: evitar la posibilidad de que acabes emparejándote o simplemente manteniendo una relación sexual ocasional con un hermano u hermana biológicos.

¿No es una posibilidad remota?

No lo es, por ejemplo, en áreas residenciales donde se concentran por diferentes motivos muchas parejas de lesbianas que han sido inseminadas por donación anónima. No es tan raro que se produzcan en esos vecindarios indeseables coincidencias ignoradas.

¿Algún caso concreto?

En Inglaterra, un hermano y una hermana biológicos llegaron a casarse - sin conocer su parentesco-tras haber sido adoptados y educados por separado. Lo descubrieron tarde.

Un caso aislado.

No sabemos cuán aislado. ¡Menos mal que el comercio de semen se ha globalizado! Pero ese riesgo sigue ahí y no es menor.

¿El semen se compra y vende por todo el planeta?

Como una mercancía. El mayor banco del mundo está en Dinamarca y tres cuartas partes del semen llega a EE. UU. del exterior.

Eso minimiza el riesgo para EE. UU.

Sería fácil evitarlo en todas partes si se desvelara a los hijos la identidad de esos donantes. Pero lo triste es que hemos llegado a estas situaciones límite porque se han confundido derechos.

¿Qué derechos?

Hoy nadie cuestiona el derecho de la persona a la paternidad sin injerencia del Estado.

Afortunadamente.

Pero de ahí se ha pasado burdamente a la convicción generalizada de que el Estado debe facilitar a cualquiera -cualquiera que sea su sexo o edad- tener todos los hijos que quiera y cuando quiera.

¿Cuál es el problema?

El problema es que esa convicción no tiene en cuenta los derechos de esos hijos.

¿En qué sentido?

La Convención Internacional de los Derechos del Niño consagra el de tener un nombre y nacionalidad y -en lo posible- el de ser educado por los padres biológicos.

"En lo posible".

A los hijos de donación se les niega no sólo ese derecho, sino el mero conocimiento de sus padres biológicos en virtud de un contrato privado previo a su nacimiento entre el banco de semen, donante y receptores.

...

La siguiente pregunta es: ¿por qué llegan las mujeres hasta el banco de semen?

¿. ..?

En el 2001 dirigí un estudio en once campus universitarios con entrevistas personales con 1.000 mujeres estudiantes sobre su modo de relacionarse con los chicos.

Sugerente.

Descubrí que la proporción de 4 a 6 - hay muchas más chicas que chicos-ha favorecido en el campus una moral de posguerra...

¿En qué sentido?

Sucede como cuando acabó la guerra y en Europa y EE. UU. faltaban hombres. Como hay muchas más chicas disponibles en los campus, los chicos imponen sus valores.

¿Cómo?

El noviazgo tradicional ha desaparecido y hoy existen dos grupos: el de parejas muy unidas y otro, mayor, en el que el player (jugador) elige a su slut (pendón) en un ritual llamado hooking up (enrollarse).

Ligar no es nada nuevo.

Lo nuevo es que consista sólo en un encuentro sexual sin relación previa ni posterior y que al día siguiente ese código imponga a los "enrollados" que, si se ven en clase o en el bar, ni siquiera se saluden.

¿Por qué cree usted que pasa eso?

Porque el varón impone su fantasía de sexo sin compromiso hasta el punto de eliminar cualquier implicación emocional.

¿Y ellas se conforman?

¡No! Pero esas son las únicas relaciones disponibles. ¿Cómo se sentiría usted si, después de comer con alguien, al día siguiente su comensal no le saludara al verle?

Comer no es exactamente lo mismo.

No es que ellas esperen -ni tal vez deseen- largos noviazgos a la antigua, pero de no comprometerse a negarles el saludo...

Antes quedaba al menos una amistad...

Esa desconexión entre emociones y sexo está pasando y pasará factura.

"¡Menos mal que el comercio desemen se ha globalizado!"

Hijos del divorcio

Elizabeth Marquardt se hizo famosa en EE. UU. con su primer ensayo, Hijos del divorcio: "De repente, se ven obligados a vivir yendo y viniendo entre dos mundos -a veces enfrentados-, cada uno con sus valores y normas y con esos planetas por descubrir que son las nuevas parejas de sus padres: algunos salen reforzados de ese ir y venir y otros debilitados, pero a todos les marca". Su segundo trabajo, Esperando a Mr. Perfecto,describe las nuevas formas de relación chico-chica en los campus, y fue otro boom mediático. Ahora diserta, con el Social Trends Institute reunido en el Iese, sobre los hijos de donaciones de óvulos y semen. Gusta de polemizar, pero con datos en la mano.

Fuente:  LLUÍS AMIGUET  - 09/04/2010  LA VANGUARDIA LA CONTRA  LINK RELACIONADO