|
Un instrumento de amor.
Por Lic. en Fil. Rafael Gómez
Un agrónomo, amigo mío, me propuso un negocio que consistía en la cría de conejos y finalizaba la lista de insumos necesarios para tal negocio con la cantidad de “vientres” que se requerían de acuerdo al tamaño de las nstalaciones. Me llamó poderosamente la atención que la palabra “conejos” apareciera solo una vez en el inicio de la propuesta, algo así como para saber de que estábamos hablando. En el resto de la propuesta solo se habló de “vientres”, como el objeto del negocio, y se ignoró la individualidad y la animalidad de los seres en cuestión. Y es que, desde el punto de vista de negocio, importa poco hablar del valor del ser en cuanto animal cuando el tema central tiene otro valor: “el del dinero.”
Por estos días los debates públicos se han centrado en la legislación respecto de asuntos que no estaban contemplados en la constitución porque, cuando ésta se fue elaborando y fue concluida, nuestra sociedad y la humanidad eran distintas. Ha cambiado la mentalidad, las costumbres, los usos, los problemas, las necesidades, etc. pero lo que no ha cambiado es la naturaleza humana que esencialmente no puede cambiar, porque si cambiara, dejaría de ser humana. Son muchos los temas que están en este caso, pero hoy nos vamos a referir a uno en especial que se está cocinando entre los legisladores: “los vientres subrogados o la maternidad subrogada” y el tema consiste en revisar la constitucionalidad de la ley, para hacer posible que una mujer “rente (subrogue) su vientre y su maternidad” para que, otro u otros, logren sus fines respecto de una vida humana.
Por un lado alguien da dinero “para usar por un tiempo” el vientre de una persona, pero por el otro, esa persona se convierte en madre de otra persona, que es su hijo, pero solo hasta el cumplimiento del contrato. Si ya en sí mismo resulta extraño rentar el vientre en un contrato de nueve meses, la maternidad, que no es un instrumento sino una relación entre personas (madre-hijo), resulta inexplicable, aunque hoy día nos preten-demos convencer que en este caso y en el caso de divorcio legal o real podemos recurrir, sin daño para los hijos, a madres o padres sustitutos.
Entre los animales el vientre de las hembras es sólo un instrumento de supervivencia, pero en el ser humano el de la mujer es, además y principalmente, un instrumento de amor. Entre los seres humanos la maternidad y la filiación no se acaba si muere la madre o el hijo porque se trata de un vínculo de amor que permanece y, aunque mueran sus cuerpos, permanecen sus almas.
Cuando el libro del Génesis narra la creación de la mujer, Adán le da el nombre de que en el hebreo es el femenino de : varón (issahvarona), y es que Adán se conoce, se entiende y se percibe a sí mismo en cuanto el Señor Dios la presenta frente él y él se ve a sí mismo en ella (1). En el capítulo siguiente del Génesis (2), Adán le da otro nombre: Eva, que en el hebreo arcaico significa (3) y que, mas que otro nombre, Adán la identifica con el ser y con la esencia de ella. Ambos casos tienen esencialmente que ver con el amor; y es que cuando el Señor Dios celebra las bodas los pone uno frente al otro (no sólo uno junto al otro) y los hace entenderse mediante el lenguaje del amor. Eva, pues, significa “vida”. Su significado, su delicia y su realización (su ser y su esencia) es “ser vida para dar vida” y no la da quien sólo pone a disposición su vientre, sino quien pone a disposición toda su persona, con todo y su vida, para que quien la reciba logre su empresa de ser y de vivir, mediante el don del amor que es el don que Dios nos ha hecho llamándonos a la vida humana y que es un don recibido para ser a su vez dado (4). Para quien trata de entender este tema desde el corazón de Dios, convierte el salmo en convicción y en oración, se abre al amor de Dios y le dice: “Tu fuiste quien formó todo mi cuerpo. Tu me formaste en el vientre de mi madre”(5). Tu me pusiste en el vientre y en el corazón de mi madre para que yo naciera y existiera como un ser para el encuentro: un encuentro de amor de mi madre con mi padre, de Dios con sus criaturas y de todas las criaturas con su Dios.
(1) Génesis 2, 23 (2) Génesis 3, 20 (3) Maximiliano García Cordero, profesor de Exégesis en la Universidad Pontificia de Salamanca. (4) Juan Pablo II, Evangelium Vitae, 92 (5) Salmo 139 (138), 1
La familia no es una moda
Por Victor Manuel Torres Arment
Las familias actuales están siendo víctimas de un resquebrajamiento donde cada vez se están perdiendo los valores fundamentales de convivencia como la paciencia, la admiración por el otro, la capacidad de perdonar y de ceder y la mentalidad de grupo. Se está promoviendo una cultura en donde los principios éticos no se enseñan y no se viven, pareciera que se está difundiendo la idea de que la familia sea concebida cual si fuera moda. Sin entrar en juicios sobre las personas, es una realidad que la formación natural y humana de las familias se está desvirtuando en su sentido so-ciológico más puro que es el núcleo de la sociedad, ya no digamos en su sentido espiritual.
Somos conscientes de las dificultades que se presentan para formar una familia en tiempos actuales: la falta de trabajo, el encarecimiento de la vida, el salario bajo, la necesidad de estudiar y de crecer en lo profesional, etc. Estas dificultades no son nuevas, los sacrificios personales siempre estuvieron presentes en el pasado ante la idea de un matrimonio y la llegada de los hijos.
Sin embargo hoy se acrecienta porque se vive en un mundo egoísta, hedonista, donde el placer se ha convertido en un fin y no en un medio para alcanzar los bienes superiores a los que deberíamos aspirar. De este modo los sacrificios no cuentan ya, y sólo importa lo que “yo quiero” aunque sea en perjuicio de los hijos. Si bien el modelo clásico de la madre abnegada (casi negándose a sí misma) y el padre proveedor autoritario no era lo mejor, el modelo contemporáneo del YO-YO y del padre y madre individualistas, tampoco lo es.
Los ideales de antaño se han cambiado por un pragmatismo moderno alineado solo por la preocupación de la prosperidad económica. Es un hecho que el satisfactor económico es muy importante, no se puede negar, ya que las necesidades primarias como el comer, el vestir, el descansar, se cubren con éste. Sin embargo, hay necesidades afectivas, que van de la mano del tiempo que se les dedica a la familia como el sentirse amado, el sentirse interpelado por el otro, el desarrollar el sentido de pertenencia, tener amigos, ser respetados y reconocidos por otros. Hoy en día no es fácil ofrecer una fórmula mágica que garantice la cobertura tanto de las necesidades primarias como de las necesidades afectivas, sin embargo, es decisión de la pareja el tipo de familia que quieran formar. Los matrimonios actuales tienen en su mano la decisión ante una dicotomía fundamental de prosperar económicamente a marchas forzadas sin importar no ver a los hijos en todo el día, o bien, educar de manera más cercana y tangible a los hijos con más presencia aunque, tal vez, esto conlleve a tener menos satisfactores económicos.
Habría que tener cuidado para distinguir que si descuidamos las necesidades afectivas de nuestros hijos probablemente vayan acumulando frustraciones. Cada pareja es libre de elegir su propio camino, pero debe aceptar las consecuencia de su elección.
LINK REFERENCIADO: La RED, Contrapunto
|